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Ignacio de Loyola

Íñigo Oñaz de Loyola S.J. (Azpeitia, 24 de diciembre de 1491 - Roma, 31 de julio de 1556), militar castellano y religioso católico, patrón de Guipúzcoa y poeta. Fundador de la Compañía de Jesús y el primer general de la orden. Elevado a los altares de la iglesia católica como San Ignacio de Loyola.


Biografía

Las referencias de la propia Compañía de Jesús nombran a Ignacio como Íñigo López de Loyola aunque por los apellidos de sus progenitores debería ser Iñigo de Oñaz y Loyola y a veces se le ha llamado Íñigo López de Recalde, pero este nombre se lo dio por error un copista.

Entre 1537 y 1542 cambió el nombre de Íñigo por el de Ignacio, como él mismo decía por ser más común a las otras naciones o por ser más universal. Es también conocido por la versión latina de su nombre, Ignatius de Loyola.

Algunas hipótesis apuntan a que el cambio de nombre fue debido a la devoción que Íñigo tenía a San Ignacio de Antioquía, pero no hay datos que puedan confirmarlo.

Siendo el menor de los varones de trece hermanos, Íñigo no fue el segundón de su familia. Su destino estaba claro, ser hombre de armas o dedicarse a Dios. Su niñez la pasó en el valle de Loyola entre las villas de Azpeitia y Azcoitia en compañía de sus hermanos y hermanas. Su educación debió ser marcada por las directrices del duro mandoble y del fervor religioso, aunque nada cierto se sabe de la misma.

Ignacio de Loyola descubrió los principios del romanticismo con sus cantos a su padre. La relación con su padre era muy intensa.

El año 1506 o 1507, coincidiendo con la muerte de su madre, el Contador Mayor de Castilla, Juan Velázquez de Cuéllar, pide al Señor de Loyola que le mande un hijo suyo para tenerlo como propio. Entre los hermanos se decide mandar al menor, a Íñigo, que va a Arévalo donde pasaría un mínimo de once años, hasta 1517, realizando frecuentes viajes a Valladolid y manteniéndose siempre muy cerca de la Corte, ya que su protector era Consejero Real además de Contador.

En este tiempo aprende lo que un gentilhombre debe saber, el dominio de las armas. La biblioteca del Arévalo era rica y abundante, lo que dio alas a su afición por la lectura, y en cuanto a la escritura, no dejó de pulir su buena letra. Se le consideró un muy buen escribano. Él mismo califica esos tiempos como dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra

En 1517 Velázquez de Cuéllar cae en desgracia (al morir Fernando el Católico) y al año muere. Su viuda, María de Velasco, manda a Íñigo a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, que era virrey de Navarra, donde dio muestras de tener ingenio y prudencia, así como noble ánimo y libertad. Esto quedó reflejado en la pacificación de la sublevación de Najéra en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en conflictos entre villas de Guipúzcoa en los cuales destaca por su manejo de la situación.

En 1512 las tropas castellanas conquistan el Reino de Navarra, con varios episodios bélicos posteriores. En 1521 se produce una incursión por tropas franco-navarras procedentes de Baja Navarra en su intento de reconquista y expulsión del invasor, en las que participaban los hermanos de Francisco Javier. Al mismo tiempo se subleva la población de varias ciudades, incluida la de Pamplona. Iñigo, que lucha con el ejército castellano y se encuentra en Pamplona en mayo de ese año, cuando llegan las tropas franco-navarras, resiste en el castillo de la ciudad, que es asediado, arengando a sus soldados a una defensa que resultaba imposible. En el combate es alcanzado por una bala de cañón, una bombacha, que atraviesa entre sus dos piernas, rompiéndole una e hiriéndole la otra. La tradición sitúa el hecho el 20 de mayo de 1521, lunes de Pentecostés. El castillo cae el 23 ó 24 del mismo mes y se le practican las primeras curas y se le traslada a su casa de Loyola.

La recuperación es larga y dolorosa y con resultado dudoso al haberse soldado mal los huesos. Se decide volver a operar y cortarlo, soportando el dolor como una parte más de su condición de caballero.

En el tiempo de convalecencia lee los libros "la vida de Cristo", del cartujo Ludolfo de Sajonia, y el "Flos Sanctorum", que hacen mella en él. Bajo la influencia de esos libros se replantea toda la vida y hace autocrítica de su vida como soldado. Como dice su autobiografía :

Y cobrada no poco lumbre de aquesta leción, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo lo que deseaba de hacer, luego como sanase, era la ida de Hierusalem, como arriba es dicho, con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso, encendido de Dios, suele desear hacer.

Este deseo se ve acrecentado por una visión de la Virgen con el Niño Jesús, que provoca la definitiva conversión del soldado en religioso. De allí sale con la convicción de viajar a Jerusalén con la tarea de la conversión de los no cristianos en Tierra Santa.

En Barcelona se hospeda en el Monasterio de Montserrat de los Benedictinos (25 de marzo de 1522), donde colgó su vestidura militar frente a la imagen de la Virgen y abandona el mismo con harapos y descalzo. De esa forma llega a Manresa, donde permanecerá por diez meses, ayudado por un grupo de mujeres creyentes ,entre las cuales tiene fama de santidad. En este período vive en una cueva en donde medita y ayuna. De esta experiencia nacen los Ejercicios Espirituales, que serán editados en 1548 y son la base de la filosofía ignaciana.

En Manresa se produce el cambio drástico de su vida, cambiar el ideal del peregrino solitario por el de trabajar en bien de las almas, con compañeros que quisiesen seguirle en la empresa.

Llega a Roma y seguidamente el 4 de septiembre de 1523 a Jerusalén, de donde tiene que volver a Barcelona.

Su amiga Isabel Roser le aconseja que inicie estudios. Aprende latín y se inscribe en la universidad. Estudia en Alcalá de Henares desde 1526 a 1527; vivió y trabajó en el Hospital de Antezana como enfermero y cocinero para los enfermos. Posteriormente, va a Salamanca hablando a todos sobre sus Ejercicios Espirituales, cosa que no es bien vista por las autoridades y le acarrea algunos problemas, llegando a encarcelarle por algunos días. En vista de la falta de libertad para su plática en España, decide irse a París.

En febrero de 1528 entra en la Universidad de París, donde permanece por más de siete años, aumentando su educación teológica y literaria y tratando de despertar el interés de los estudiantes en sus Ejercicios Espirituales.

Para 1534, tenía seis seguidores clave: Pedro Faber, Francisco de Javier, Alfonso Salmerón, Jacobo Laínez, Nicolás Bobedilla y Simón Rodrigues (portugués).

Viaja a Flandes e Inglaterra para conseguir dinero para su obra. Tiene ya muy perfilado el proyecto y compañeros que le siguen. El día 15 de agosto de 1534 los siete juran en Montmartre servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo y fundan la Sociedad de Jesús, que luego sería la Compañía de Jesús. Deciden viajar a Tierra Santa y si no pueden, ponerse a las órdenes del Papa.

Ignacio parte a su tierra, por motivos de salud, y está por un período de tres meses. Luego hace varias visitas a los familiares de sus compañeros, entregando cartas y recados, y se embarca para Venecia, donde pasa todo el año de 1536, que aprovecharía para estudiar. El 8 de enero de 1537 llegan los compañeros de París.

El Papa Pablo III les dio la aprobación y les permitió ordenarse sacerdotes. Fueron ordenados en Venecia por el obispo de Arbe el 24 de junio. Ignacio celebrará la primera misa en la noche de Navidad del año 1538. En ese tiempo se dedican a predicar y al trabajo caritativo en Italia. Parte a Roma a pedir permiso para ir a Jerusalén y se lo dan, pero por problemas bélicos no pueden llegar y se ponen a la órdenes del Papa.

En el viaje a Roma sucede un hecho importante en la vida de Ignacio. En Storta tiene una experiencia espiritual de excepcional trascendencia, que su autobiografía recoge así:

oración, tuvo tal mutación en su alma y ha visto tan claramente que el Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no sería capaz de dudar de que el Padre le ponía con su Hijo. Con esta expresión reveló la unión que desde entonces sintió con Cristo. Laínez completó estos datos, añadiendo que la visión fue trinitaria, y que en ella el Padre, dirigiéndose al Hijo, le decía: Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo y Jesús, a su vez, volviéndose hacia Ignacio, le dijo: Yo quiero que tú nos sirvas

Esto determinará la fundación de la Compañía de Jesús, sería el remate a lo que comenzó en Manresa con los Ejercicios Espirituales. La directriz era clara: ser compañeros de Jesús, alistados bajo su bandera, para emplearse en el servicio de Dios y bien de los prójimos.

En octubre de 1538, Ignacio se encaminó hacia Roma, junto con Fabre y Laínez, para la aprobación de la constitución de la nueva orden. Un grupo de cardenales se mostró a favor de la constitución y Pablo III confirmó la orden mediante la bula Regimini militantis (27 de Septiembre de 1540), pero limitaba el número de sus miembros a sesenta. Esta limitación fue revocada a través de la bula Injunctum nobis (14 de marzo, 1543). Así nacía la Societas Iesu, la Compañía de Jesús o, como se le conoce comúnmente, los Jesuitas.

Ignacio fue elegido Superior General de su orden religiosa. Envió a sus compañeros como misioneros por Europa para crear escuelas, universidades y seminarios donde estudiarían los futuros miembros de la orden, así como los dirigentes europeos.

En 1548, sus Ejercicios Espirituales fueron finalmente impresos y fue llevado incluso a la Inquisición Romana, pero fue rápidamente dejado libre.

Ignacio escribió las Constituciones Jesuitas, adoptadas en 1554, las cuales crearon una organización monárquica, exigiendo absoluta abnegación y obediencia al Papa y superiores (perinde ac cadaver, "disciplinado como un cadáver"). Su principio fundamental se volvió el lema Jesuita: Ad Maiorem Dei Gloriam ("A mayor gloria de Dios").

Los Jesuitas jugaron un papel clave en el éxito de la Contrarreforma.

Durante el período 1553-1555, Ignacio le dictó su biografía a su secretario, el Padre Gonçalves da Câmara. Esta autobiografía es una pieza importante para entender sus Ejercicios Espirituales. Pero el original quedó archivado e inédito durante 150 años, cuando Bollandisten publicó el texto en Acta Sanctorum.

La compañía se extiende por Europa y por todo el mundo y solamente está obligada de responder de sus actos ante el Papa.

En 1551 Ignacio de Loyola quiere que se le sustituya al frente de la Compañía, pero su solicitud de renuncia es rechazada. Al año siguiente muere Francisco Javier, a quien Ignacio tenía en mente para su sustitución.

Surgen divergencias en el seno de la dirección de la Compañía. Simao Rodrigues, uno de los fundadores, se rebela contra Ignacio desde Portugal, Bobadilla critica el modo de mando de Ignacio, y su amiga Isabel Roser quiere fundar una compañía femenina, a lo que Ignacio se niega.

Dirige la Compañía desde su celda en Roma y va ordenando todo lo que ha ido creando hasta poco antes de su muerte. La Compañía crece y pasa a tener miles de miembros, a la vez que se granjea muchos amigos y enemigos por todo el mundo.

Muere el 31 de julio de 1556, en el transcurso de una enfermedad en su celda de la sede de los Jesuitas en Roma.

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